Archivo por días: 14 noviembre, 2012

Por primera vez en nuestro país, un máster, en el que participa el CNI, forma a futuros profesionales en la obtención y análisis de información como ventaja competitiva de la empresa


SOCIEDAD

Los servicios de inteligencia llegan a la empresa

Por primera vez en nuestro país, un máster, en el que participa el CNI, forma a futuros profesionales en la obtención y análisis de información como ventaja competitiva de la empresa

CRISTINA GARRIDO / MADRID
Día 03/09/2010 – 18.05h
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Los servicios de inteligencia llegan a las empresas
Tras la Segunda Guerra Mundial, el fabricante de motos japonés Honda pensó que EE.UU. podía ser una buena oportunidad de mercado por su alto índice de población. Antes de desembarcar en el país de las oportunidades, la compañía envió a tres ejecutivos para investigar qué aceptación tenía la marca, cuánta gente tenía moto, a qué se asociaba… Con toda la información recopilada, llegó a la conclusión de que la gente que conducía una moto en EE.UU. en los años 60 eran «Easy Riders», un público para el que Honda no fabricaba. Pero no se dieron por vencidos y definieron una estrategia alternativa. Querían transmitir la imagen de que en EE.UU. la gente amable conducía una Honda y, para ello, fueron a San Francisco y Los Ángeles, las zonas más pobladas por japoneses, y regalaron a cada uno de sus compatriotas una Honda. Al cabo de siete años, Honda vendía una de cada dos motos en EE.UU.
Mario Esteban, presidente de la Asociación Española para la Promoción de la Inteligencia Competitiva (Asepic) utiliza este ejemplo para explicar cómo trabaja el analista de inteligencia, un perfil que, aunque suena algo «jamesbondesco», no tiene nada que ver con el espionaje, sino con «tener la capacidad de percibir y ver más allá de lo que está a la vista de todos», matiza Eliana Benjumeda, directora de Infoline, una de las pocas empresas que ofrecen servicios de inteligencia competitiva en España.
Al igual que los analistas del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) trabajan para conocer e informar al Gobierno de aquello que pueda afectar a la seguridad, estabilidad y defensa del Estado, el analista de inteligencia de una empresa es capaz de identificar aquellos elementos de la información determinantes para entender y localizar oportunidades y amenazas.
«Lo que hace el analista es transformar información en un producto de valor añadido, en conocimiento para la toma de decisiones en el ámbito de la defensa de unos intereses nacionales o económicos», señala Diego Navarro, codirector del Máster Interuniversitario de Analista de Inteligencia, que organizan la Universidad Carlos III y la Rey Juan Carlos. Una iniciativa académica pionera en España en la formación de futuros expertos en el arte de convertir la información en una ventaja competitiva para la empresa.
Pero la labor del analista de inteligencia de una empresa no es robar información ni penetrar en los secretos de otros, porque no es un espía. El 85-90% de la información que maneja procede de fuentes abiertas (desde los medios de comunicación hasta publicaciones científicas, anuarios, tesis doctorales, imágenes de satélites comerciales, etc.), que son legales, pero no siempre gratuitas. «Tenemos un código ético muy estricto y usamos una regla no escrita: Pensar en lo que no te gustaría que escribieran de ti o de tu empresa en la portada de un periódico», advierte Eliana Benjumeda.

Una disciplina novedosa en España

En España aún estamos verdes en la aplicación de la Inteligencia Competitiva, un campo en el que algunos países nos llevan hasta 20 años de diferencia. «Tan sólo tres o cuatro empresas tienen de verdad un grupo de Inteligencia en nuestro país, otras lo tienen pero prefieren llamarlo equipos de Estrategia porque la palabra “Inteligencia” todavía da un poco de miedo, se sigue relacionando equivocadamente con el espionaje industrial», explica Mario Esteban.
Pero la realidad es que es un perfil cada vez más demandado en nuestro país, sobre todo por empresas extranjeras, especialmente las farmacéuticas, para las que es vital tener una perspectiva de negocio a muy largo plazo. De hecho, el problema actualmente es que no se consiguen cubrir los puestos que se ofertan porque la cultura de inteligencia no está suficientemente implantada en España.
La creación del Máster Interuniversitario en Analista de Inteligencia, en el que participa el CNI, viene a cubrir el vacío académico que existía en este campo. Pero ¿por qué poner en marcha el Máster ahora y no antes? «Porque antes con que alguien fuera a una feria ya sabía por donde se movía el mercado, pero el mundo ha cambiado y las empresas ahora tienen competidores de países que ni pones en el mapa.», indica Benjumea.

El CNI se abre

Precisamente, la implicación del CNI en este máster forma parte de un amplio proyecto con un doble objetivo: «abrirse a la sociedad y fomentar la cultura de inteligencia en España», explica Diego Navarro. Aunque ser alumno «no da puntos para entrar en el Centro Nacional de Inteligencia», como se apresura a aclarar Fernando Velasco, codirector del Máster, ya que ellos tienen sus propios procesos de selección.
Lo que parece claro es que con una perspectiva de futuro en la que el volumen de información será cada vez mayor, es necesario formar una cantera de analistas que respondan a la demanda de empresas y organismos oficiales. Una circunstancia que ya están viviendo en EE.UU., dondeuna investigación del diario The Washington Post ha desvelado que ya son 1.271 las agencias del Gobierno y 1.931 las compañías privadas que se encargan de la seguridad nacional y la inteligencia.
Aunque pueda parecer contraproducente que una empresa privada forme parte de los servicios de inteligencia de un país, la imposibilidad de controlar todo el volumen de información que se genera hoy en día está fomentando una tendencia a externalizar determinadas capacidades, «pero sólo en el ámbito de las fuentes abiertas y con importantes cláusulas de confidencialidad», aclara Navarro.

El perfil

Pero, ¿qué cualidades necesita un analista de inteligencia? «Saber mirar, que se aprende; tener curiosidad, que se tiene o no; y contar con una gran carga ética», señala Mario Esteban, quien advierte que, además, deben ser personas muy seguras de sí mismas, porque «van a escribir para el jefe y una línea suya puede hacer perder a la empresa mucho dinero o su reputación».
Tanto Cristina Rivas como Ruth Arcos, dos de las alumnas de la primera promoción del Máster en Analista de Inteligencia, coinciden en que «cualquiera no puede dedicarse a esta profesión». «Una persona que se dedica a obtener y analizar información tiene que tener un alto sentido de confiabilidad, prudencia y un fuerte código ético», aseguran.
Para ser el «Pepito Grillo» del jefe, los expertos consultados coinciden en que los licenciados en Historia, Geografía o Biblioteconomía y Documentación suelen ser muy buenos candidatos, aunque destacan la importancia de que en los equipos de inteligencia haya distintos perfiles profesionales porque la experiencia permite ver a unos cosas que otros no ven. «La información que obtienes es como un cuadro impresionista, si lo miras de cerca sólo aprecias las pinceladas, pero si te alejas ves la imagen completa». Mario Esteban va más allá y asegura que el ciclo de inteligencia es como resolver el cubo de Rubik…¡sin pegatinas! Una labor complicada que, si se hace bien, puede convertirte en el mejor amigo del jefe…


Los servicios de inteligencia llegan a la empresa

Por primera vez en nuestro país, un máster, en el que participa el CNI, forma a futuros profesionales en la obtención y análisis de información como ventaja competitiva de la empresa

Los servicios de inteligencia llegan a la empresa Por primera vez en nuestro país, un máster, en el que participa el CNI, forma a futuros profesionales en la obtención y análisis de información como ventaja competitiva de la empresa

SOCIEDAD

Los servicios de inteligencia llegan a la empresa

Por primera vez en nuestro país, un máster, en el que participa el CNI, forma a futuros profesionales en la obtención y análisis de información como ventaja competitiva de la empresa

CRISTINA GARRIDO / MADRID
Día 03/09/2010 – 18.05h
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Los servicios de inteligencia llegan a las empresas
Tras la Segunda Guerra Mundial, el fabricante de motos japonés Honda pensó que EE.UU. podía ser una buena oportunidad de mercado por su alto índice de población. Antes de desembarcar en el país de las oportunidades, la compañía envió a tres ejecutivos para investigar qué aceptación tenía la marca, cuánta gente tenía moto, a qué se asociaba… Con toda la información recopilada, llegó a la conclusión de que la gente que conducía una moto en EE.UU. en los años 60 eran «Easy Riders», un público para el que Honda no fabricaba. Pero no se dieron por vencidos y definieron una estrategia alternativa. Querían transmitir la imagen de que en EE.UU. la gente amable conducía una Honda y, para ello, fueron a San Francisco y Los Ángeles, las zonas más pobladas por japoneses, y regalaron a cada uno de sus compatriotas una Honda. Al cabo de siete años, Honda vendía una de cada dos motos en EE.UU.
Mario Esteban, presidente de la Asociación Española para la Promoción de la Inteligencia Competitiva (Asepic) utiliza este ejemplo para explicar cómo trabaja el analista de inteligencia, un perfil que, aunque suena algo «jamesbondesco», no tiene nada que ver con el espionaje, sino con «tener la capacidad de percibir y ver más allá de lo que está a la vista de todos», matiza Eliana Benjumeda, directora de Infoline, una de las pocas empresas que ofrecen servicios de inteligencia competitiva en España.
Al igual que los analistas del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) trabajan para conocer e informar al Gobierno de aquello que pueda afectar a la seguridad, estabilidad y defensa del Estado, el analista de inteligencia de una empresa es capaz de identificar aquellos elementos de la información determinantes para entender y localizar oportunidades y amenazas.
«Lo que hace el analista es transformar información en un producto de valor añadido, en conocimiento para la toma de decisiones en el ámbito de la defensa de unos intereses nacionales o económicos», señala Diego Navarro, codirector del Máster Interuniversitario de Analista de Inteligencia, que organizan la Universidad Carlos III y la Rey Juan Carlos. Una iniciativa académica pionera en España en la formación de futuros expertos en el arte de convertir la información en una ventaja competitiva para la empresa.
Pero la labor del analista de inteligencia de una empresa no es robar información ni penetrar en los secretos de otros, porque no es un espía. El 85-90% de la información que maneja procede de fuentes abiertas (desde los medios de comunicación hasta publicaciones científicas, anuarios, tesis doctorales, imágenes de satélites comerciales, etc.), que son legales, pero no siempre gratuitas. «Tenemos un código ético muy estricto y usamos una regla no escrita: Pensar en lo que no te gustaría que escribieran de ti o de tu empresa en la portada de un periódico», advierte Eliana Benjumeda.

Una disciplina novedosa en España

En España aún estamos verdes en la aplicación de la Inteligencia Competitiva, un campo en el que algunos países nos llevan hasta 20 años de diferencia. «Tan sólo tres o cuatro empresas tienen de verdad un grupo de Inteligencia en nuestro país, otras lo tienen pero prefieren llamarlo equipos de Estrategia porque la palabra “Inteligencia” todavía da un poco de miedo, se sigue relacionando equivocadamente con el espionaje industrial», explica Mario Esteban.
Pero la realidad es que es un perfil cada vez más demandado en nuestro país, sobre todo por empresas extranjeras, especialmente las farmacéuticas, para las que es vital tener una perspectiva de negocio a muy largo plazo. De hecho, el problema actualmente es que no se consiguen cubrir los puestos que se ofertan porque la cultura de inteligencia no está suficientemente implantada en España.
La creación del Máster Interuniversitario en Analista de Inteligencia, en el que participa el CNI, viene a cubrir el vacío académico que existía en este campo. Pero ¿por qué poner en marcha el Máster ahora y no antes? «Porque antes con que alguien fuera a una feria ya sabía por donde se movía el mercado, pero el mundo ha cambiado y las empresas ahora tienen competidores de países que ni pones en el mapa.», indica Benjumea.

El CNI se abre

Precisamente, la implicación del CNI en este máster forma parte de un amplio proyecto con un doble objetivo: «abrirse a la sociedad y fomentar la cultura de inteligencia en España», explica Diego Navarro. Aunque ser alumno «no da puntos para entrar en el Centro Nacional de Inteligencia», como se apresura a aclarar Fernando Velasco, codirector del Máster, ya que ellos tienen sus propios procesos de selección.
Lo que parece claro es que con una perspectiva de futuro en la que el volumen de información será cada vez mayor, es necesario formar una cantera de analistas que respondan a la demanda de empresas y organismos oficiales. Una circunstancia que ya están viviendo en EE.UU., dondeuna investigación del diario The Washington Post ha desvelado que ya son 1.271 las agencias del Gobierno y 1.931 las compañías privadas que se encargan de la seguridad nacional y la inteligencia.
Aunque pueda parecer contraproducente que una empresa privada forme parte de los servicios de inteligencia de un país, la imposibilidad de controlar todo el volumen de información que se genera hoy en día está fomentando una tendencia a externalizar determinadas capacidades, «pero sólo en el ámbito de las fuentes abiertas y con importantes cláusulas de confidencialidad», aclara Navarro.

El perfil

Pero, ¿qué cualidades necesita un analista de inteligencia? «Saber mirar, que se aprende; tener curiosidad, que se tiene o no; y contar con una gran carga ética», señala Mario Esteban, quien advierte que, además, deben ser personas muy seguras de sí mismas, porque «van a escribir para el jefe y una línea suya puede hacer perder a la empresa mucho dinero o su reputación».
Tanto Cristina Rivas como Ruth Arcos, dos de las alumnas de la primera promoción del Máster en Analista de Inteligencia, coinciden en que «cualquiera no puede dedicarse a esta profesión». «Una persona que se dedica a obtener y analizar información tiene que tener un alto sentido de confiabilidad, prudencia y un fuerte código ético», aseguran.
Para ser el «Pepito Grillo» del jefe, los expertos consultados coinciden en que los licenciados en Historia, Geografía o Biblioteconomía y Documentación suelen ser muy buenos candidatos, aunque destacan la importancia de que en los equipos de inteligencia haya distintos perfiles profesionales porque la experiencia permite ver a unos cosas que otros no ven. «La información que obtienes es como un cuadro impresionista, si lo miras de cerca sólo aprecias las pinceladas, pero si te alejas ves la imagen completa». Mario Esteban va más allá y asegura que el ciclo de inteligencia es como resolver el cubo de Rubik…¡sin pegatinas! Una labor complicada que, si se hace bien, puede convertirte en el mejor amigo del jefe…

SEGURPRICAT pone a su disposición como analistas de inteligencia y consultores de seguridad internacional e Inteligencia su experiencia internacional

SEGURPRICAT pone a su disposición como analistas de inteligencia y consultores de seguridad Internacional e Inteligencia su experiencia internacional y formación en el analisis de riesgos en seguridad para que pueda toma la decisión màs adecuada a sus necesidades, disponemos de formación multidisciplinar, talento, inteligencia y creatividad para colaborar con eficiencia y eficacia en sus proyectos internacionalización de su empresa, porque nadie ignora que la implantación en el mercado exterior no se improvisa.


Mario Esteban, presidente de la Asociación Española para la Promoción de la Inteligencia Competitiva (Asepic) utiliza este ejemplo para explicar cómo trabaja el analista de inteligencia, un perfil que, aunque suena algo «jamesbondesco», no tiene nada que ver con el espionaje, sino con «tener la capacidad de percibir y ver más allá de lo que está a la vista de todos»

Mario Esteban, presidente de la Asociación Española para la Promoción de la Inteligencia Competitiva (Asepic) utiliza este ejemplo para explicar cómo trabaja el analista de inteligencia, un perfil que, aunque suena algo «jamesbondesco», no tiene nada que ver con el espionaje, sino con «tener la capacidad de percibir y ver más allá de lo que está a la vista de todos»

SOCIEDAD

Los servicios de inteligencia llegan a la empresa

Por primera vez en nuestro país, un máster, en el que participa el CNI, forma a futuros profesionales en la obtención y análisis de información como ventaja competitiva de la empresa

CRISTINA GARRIDO / MADRID
Día 03/09/2010 – 18.05h
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Tras la Segunda Guerra Mundial, el fabricante de motos japonés Honda pensó que EE.UU. podía ser una buena oportunidad de mercado por su alto índice de población. Antes de desembarcar en el país de las oportunidades, la compañía envió a tres ejecutivos para investigar qué aceptación tenía la marca, cuánta gente tenía moto, a qué se asociaba… Con toda la información recopilada, llegó a la conclusión de que la gente que conducía una moto en EE.UU. en los años 60 eran «Easy Riders», un público para el que Honda no fabricaba. Pero no se dieron por vencidos y definieron una estrategia alternativa. Querían transmitir la imagen de que en EE.UU. la gente amable conducía una Honda y, para ello, fueron a San Francisco y Los Ángeles, las zonas más pobladas por japoneses, y regalaron a cada uno de sus compatriotas una Honda. Al cabo de siete años, Honda vendía una de cada dos motos en EE.UU.
Mario Esteban, presidente de la Asociación Española para la Promoción de la Inteligencia Competitiva (Asepic) utiliza este ejemplo para explicar cómo trabaja el analista de inteligencia, un perfil que, aunque suena algo «jamesbondesco», no tiene nada que ver con el espionaje, sino con «tener la capacidad de percibir y ver más allá de lo que está a la vista de todos», matiza Eliana Benjumeda, directora de Infoline, una de las pocas empresas que ofrecen servicios de inteligencia competitiva en España.
Al igual que los analistas del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) trabajan para conocer e informar al Gobierno de aquello que pueda afectar a la seguridad, estabilidad y defensa del Estado, el analista de inteligencia de una empresa es capaz de identificar aquellos elementos de la información determinantes para entender y localizar oportunidades y amenazas.
«Lo que hace el analista es transformar información en un producto de valor añadido, en conocimiento para la toma de decisiones en el ámbito de la defensa de unos intereses nacionales o económicos», señala Diego Navarro, codirector del Máster Interuniversitario de Analista de Inteligencia, que organizan la Universidad Carlos III y la Rey Juan Carlos. Una iniciativa académica pionera en España en la formación de futuros expertos en el arte de convertir la información en una ventaja competitiva para la empresa.
Pero la labor del analista de inteligencia de una empresa no es robar información ni penetrar en los secretos de otros, porque no es un espía. El 85-90% de la información que maneja procede de fuentes abiertas (desde los medios de comunicación hasta publicaciones científicas, anuarios, tesis doctorales, imágenes de satélites comerciales, etc.), que son legales, pero no siempre gratuitas. «Tenemos un código ético muy estricto y usamos una regla no escrita: Pensar en lo que no te gustaría que escribieran de ti o de tu empresa en la portada de un periódico», advierte Eliana Benjumeda.

Una disciplina novedosa en España

En España aún estamos verdes en la aplicación de la Inteligencia Competitiva, un campo en el que algunos países nos llevan hasta 20 años de diferencia. «Tan sólo tres o cuatro empresas tienen de verdad un grupo de Inteligencia en nuestro país, otras lo tienen pero prefieren llamarlo equipos de Estrategia porque la palabra “Inteligencia” todavía da un poco de miedo, se sigue relacionando equivocadamente con el espionaje industrial», explica Mario Esteban.
Pero la realidad es que es un perfil cada vez más demandado en nuestro país, sobre todo por empresas extranjeras, especialmente las farmacéuticas, para las que es vital tener una perspectiva de negocio a muy largo plazo. De hecho, el problema actualmente es que no se consiguen cubrir los puestos que se ofertan porque la cultura de inteligencia no está suficientemente implantada en España.
La creación del Máster Interuniversitario en Analista de Inteligencia, en el que participa el CNI, viene a cubrir el vacío académico que existía en este campo. Pero ¿por qué poner en marcha el Máster ahora y no antes? «Porque antes con que alguien fuera a una feria ya sabía por donde se movía el mercado, pero el mundo ha cambiado y las empresas ahora tienen competidores de países que ni pones en el mapa.», indica Benjumea.

El CNI se abre

Precisamente, la implicación del CNI en este máster forma parte de un amplio proyecto con un doble objetivo: «abrirse a la sociedad y fomentar la cultura de inteligencia en España», explica Diego Navarro. Aunque ser alumno «no da puntos para entrar en el Centro Nacional de Inteligencia», como se apresura a aclarar Fernando Velasco, codirector del Máster, ya que ellos tienen sus propios procesos de selección.
Lo que parece claro es que con una perspectiva de futuro en la que el volumen de información será cada vez mayor, es necesario formar una cantera de analistas que respondan a la demanda de empresas y organismos oficiales. Una circunstancia que ya están viviendo en EE.UU., dondeuna investigación del diario The Washington Post ha desvelado que ya son 1.271 las agencias del Gobierno y 1.931 las compañías privadas que se encargan de la seguridad nacional y la inteligencia.
Aunque pueda parecer contraproducente que una empresa privada forme parte de los servicios de inteligencia de un país, la imposibilidad de controlar todo el volumen de información que se genera hoy en día está fomentando una tendencia a externalizar determinadas capacidades, «pero sólo en el ámbito de las fuentes abiertas y con importantes cláusulas de confidencialidad», aclara Navarro.

El perfil

Pero, ¿qué cualidades necesita un analista de inteligencia? «Saber mirar, que se aprende; tener curiosidad, que se tiene o no; y contar con una gran carga ética», señala Mario Esteban, quien advierte que, además, deben ser personas muy seguras de sí mismas, porque «van a escribir para el jefe y una línea suya puede hacer perder a la empresa mucho dinero o su reputación».
Tanto Cristina Rivas como Ruth Arcos, dos de las alumnas de la primera promoción del Máster en Analista de Inteligencia, coinciden en que «cualquiera no puede dedicarse a esta profesión». «Una persona que se dedica a obtener y analizar información tiene que tener un alto sentido de confiabilidad, prudencia y un fuerte código ético», aseguran.
Para ser el «Pepito Grillo» del jefe, los expertos consultados coinciden en que los licenciados en Historia, Geografía o Biblioteconomía y Documentación suelen ser muy buenos candidatos, aunque destacan la importancia de que en los equipos de inteligencia haya distintos perfiles profesionales porque la experiencia permite ver a unos cosas que otros no ven. «La información que obtienes es como un cuadro impresionista, si lo miras de cerca sólo aprecias las pinceladas, pero si te alejas ves la imagen completa». Mario Esteban va más allá y asegura que el ciclo de inteligencia es como resolver el cubo de Rubik…¡sin pegatinas! Una labor complicada que, si se hace bien, puede convertirte en el mejor amigo del jefe…

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POR PRIMERA VEZ EN NUESTRO PAÍS, UN MÁSTER, EN EL QUE PARTICIPA EL CNI, FORMA A FUTUROS PROFESIONALES EN LA OBTENCIÓN Y ANÁLISIS DE INFORMACIÓN COMO VENTAJA COMPETITIVA DE LA EMPRESA

SOCIEDAD Los servicios de inteligencia llegan a la empresa POR PRIMERA VEZ EN NUESTRO PAÍS, UN MÁSTER, EN EL QUE PARTICIPA EL CNI, FORMA A FUTUROS PROFESIONALES EN LA OBTENCIÓN Y ANÁLISIS DE INFORMACIÓN COMO VENTAJA COMPETITIVA DE LA EMPRESA

SOCIEDAD

Los servicios de inteligencia llegan a la empresa

Por primera vez en nuestro país, un máster, en el que participa el CNI, forma a futuros profesionales en la obtención y análisis de información como ventaja competitiva de la empresa

CRISTINA GARRIDO / MADRID
Día 03/09/2010 – 18.05h
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Los servicios de inteligencia llegan a las empresa

Tras la Segunda Guerra Mundial, el fabricante de motos japonés Honda pensó que EE.UU. podía ser una buena oportunidad de mercado por su alto índice de población. Antes de desembarcar en el país de las oportunidades, la compañía envió a tres ejecutivos para investigar qué aceptación tenía la marca, cuánta gente tenía moto, a qué se asociaba… Con toda la información recopilada, llegó a la conclusión de que la gente que conducía una moto en EE.UU. en los años 60 eran «Easy Riders», un público para el que Honda no fabricaba. Pero no se dieron por vencidos y definieron una estrategia alternativa. Querían transmitir la imagen de que en EE.UU. la gente amable conducía una Honda y, para ello, fueron a San Francisco y Los Ángeles, las zonas más pobladas por japoneses, y regalaron a cada uno de sus compatriotas una Honda. Al cabo de siete años, Honda vendía una de cada dos motos en EE.UU.

Mario Esteban, presidente de la Asociación Española para la Promoción de la Inteligencia Competitiva (Asepic) utiliza este ejemplo para explicar cómo trabaja el analista de inteligencia, un perfil que, aunque suena algo «jamesbondesco», no tiene nada que ver con el espionaje, sino con «tener la capacidad de percibir y ver más allá de lo que está a la vista de todos», matiza Eliana Benjumeda, directora de Infoline, una de las pocas empresas que ofrecen servicios de inteligencia competitiva en España.

Al igual que los analistas del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) trabajan para conocer e informar al Gobierno de aquello que pueda afectar a la seguridad, estabilidad y defensa del Estado, el analista de inteligencia de una empresa es capaz de identificar aquellos elementos de la información determinantes para entender y localizar oportunidades y amenazas.

«Lo que hace el analista es transformar información en un producto de valor añadido, en conocimiento para la toma de decisiones en el ámbito de la defensa de unos intereses nacionales o económicos», señala Diego Navarro, codirector del Máster Interuniversitario de Analista de Inteligencia, que organizan la Universidad Carlos III y la Rey Juan Carlos. Una iniciativa académica pionera en España en la formación de futuros expertos en el arte de convertir la información en una ventaja competitiva para la empresa.

Pero la labor del analista de inteligencia de una empresa no es robar información ni penetrar en los secretos de otros, porque no es un espía. El 85-90% de la información que maneja procede de fuentes abiertas (desde los medios de comunicación hasta publicaciones científicas, anuarios, tesis doctorales, imágenes de satélites comerciales, etc.), que son legales, pero no siempre gratuitas. «Tenemos un código ético muy estricto y usamos una regla no escrita: Pensar en lo que no te gustaría que escribieran de ti o de tu empresa en la portada de un periódico», advierte Eliana Benjumeda.

Una disciplina novedosa en España

En España aún estamos verdes en la aplicación de la Inteligencia Competitiva, un campo en el que algunos países nos llevan hasta 20 años de diferencia. «Tan sólo tres o cuatro empresas tienen de verdad un grupo de Inteligencia en nuestro país, otras lo tienen pero prefieren llamarlo equipos de Estrategia porque la palabra “Inteligencia” todavía da un poco de miedo, se sigue relacionando equivocadamente con el espionaje industrial», explica Mario Esteban.

Pero la realidad es que es un perfil cada vez más demandado en nuestro país, sobre todo por empresas extranjeras, especialmente las farmacéuticas, para las que es vital tener una perspectiva de negocio a muy largo plazo. De hecho, el problema actualmente es que no se consiguen cubrir los puestos que se ofertan porque la cultura de inteligencia no está suficientemente implantada en España.

La creación del Máster Interuniversitario en Analista de Inteligencia, en el que participa el CNI, viene a cubrir el vacío académico que existía en este campo. Pero ¿por qué poner en marcha el Máster ahora y no antes? «Porque antes con que alguien fuera a una feria ya sabía por donde se movía el mercado, pero el mundo ha cambiado y las empresas ahora tienen competidores de países que ni pones en el mapa.», indica Benjumea.

El CNI se abre

Precisamente, la implicación del CNI en este máster forma parte de un amplio proyecto con un doble objetivo: «abrirse a la sociedad y fomentar la cultura de inteligencia en España», explica Diego Navarro. Aunque ser alumno «no da puntos para entrar en el Centro Nacional de Inteligencia», como se apresura a aclarar Fernando Velasco, codirector del Máster, ya que ellos tienen sus propios procesos de selección.

Lo que parece claro es que con una perspectiva de futuro en la que el volumen de información será cada vez mayor, es necesario formar una cantera de analistas que respondan a la demanda de empresas y organismos oficiales. Una circunstancia que ya están viviendo en EE.UU., dondeuna investigación del diario The Washington Post ha desvelado que ya son 1.271 las agencias del Gobierno y 1.931 las compañías privadas que se encargan de la seguridad nacional y la inteligencia.

Aunque pueda parecer contraproducente que una empresa privada forme parte de los servicios de inteligencia de un país, la imposibilidad de controlar todo el volumen de información que se genera hoy en día está fomentando una tendencia a externalizar determinadas capacidades, «pero sólo en el ámbito de las fuentes abiertas y con importantes cláusulas de confidencialidad», aclara Navarro.

El perfil

Pero, ¿qué cualidades necesita un analista de inteligencia? «Saber mirar, que se aprende; tener curiosidad, que se tiene o no; y contar con una gran carga ética», señala Mario Esteban, quien advierte que, además, deben ser personas muy seguras de sí mismas, porque «van a escribir para el jefe y una línea suya puede hacer perder a la empresa mucho dinero o su reputación».

Tanto Cristina Rivas como Ruth Arcos, dos de las alumnas de la primera promoción del Máster en Analista de Inteligencia, coinciden en que «cualquiera no puede dedicarse a esta profesión». «Una persona que se dedica a obtener y analizar información tiene que tener un alto sentido de confiabilidad, prudencia y un fuerte código ético», aseguran.

Para ser el «Pepito Grillo» del jefe, los expertos consultados coinciden en que los licenciados en Historia, Geografía o Biblioteconomía y Documentación suelen ser muy buenos candidatos, aunque destacan la importancia de que en los equipos de inteligencia haya distintos perfiles profesionales porque la experiencia permite ver a unos cosas que otros no ven. «La información que obtienes es como un cuadro impresionista, si lo miras de cerca sólo aprecias las pinceladas, pero si te alejas ves la imagen completa». Mario Esteban va más allá y asegura que el ciclo de inteligencia es como resolver el cubo de Rubik…¡sin pegatinas! Una labor complicada que, si se hace bien, puede convertirte en el mejor amigo del jefe…

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PARA QUÉ SIRVE UN ANALISTA DE INTELIGENCIA?

PARA QUÉ SIRVE UN ANALISTA DE INTELIGENCIA?

 

Esta es una gran pregunta, que he tenido que responder en distintos ámbitos, en repetidas ocasiones, a lo largo de la semana.

Partimos de algunas cuestiones que son en parte limitativas a la hora de presentar los posibles servicios de un analista. Una de ellas es el propio concepto de “Inteligencia”, históricamente ligado a los servicios de inteligencia. El propio Glosario de Inteligenciadefine este concepto como “el producto que resulta de la evaluación, la integración, el análisis y la interpretación de la información reunida por un servicio de inteligencia. Visión tradicional que se va desmoronando poco a poco mediante la incorporación del concepto a ámbitos de la empresa. Otras limitaciones derivan del mismo uso peyorativo que asocia esa posible función a lo secreto, al espionaje, y …al vodka con martini “shaken, not stirred”.

Pero también es habitual encontrar el concepto inteligencia, por obra y gracia de Goleman (bueno, y de otros previos que no lo supieron vender tanto) ligado al adjetivo “emocional”. Hasta aquí llega la cultura popular y general sobre lo que sería inteligencia, además de su calificación como una posible destacable cualidad del intelecto.

El  Glosario de Inteligencia citado incurre en una contradicción al señalar que un Analista de Inteligencia es “un especialista en la valoración, la integración, el análisis y la interpretación de información para su conversión en conocimiento”. En puridad, debería haber añadido “…para su conversión en conocimiento en/para un servicio de inteligencia”. La limitación señalada en la definición de Inteligencia no se traslada a la definición del Analista de Inteligencia.

Evidentemente me quedo con la opción más abierta. Profesores y expertos del ámbito académico señalan, y personalmente estoy de acuerdo, que la inteligencia tiene múltiples caras, entre ellas su consideración como una disciplina específica, con su metodología, sus técnicas, sus herramientas. Otras dos caras han sido ya enunciadas, la que asocia el concepto a los servicios de inteligencia, y la inteligencia como un producto (en general materializada en un informe orientado a un fin). Otra dimensión sería la inteligencia como un proceso, que se basa en un discutible ciclo de inteligencia (flexible y adaptable a las condiciones de cada unidad de análisis y las necesidades y objetivos de la misma).

En definitiva, la inteligencia sería un proceso de obtención, gestión y análisis de la información que tiene como objetivo generar conocimiento para apoyar la toma de decisiones. Es en ese apoyo a la toma de decisiones, y a la solución de problemas, donde tiene valor y ello es a su vez lo que caracteriza la función del analista. En este sentido es un proceso especializado de gestión del conocimiento.

Para lograr ese apoyo a la toma de decisiones, a la solución de problemas, en un mundo que cambia a velocidad de vértigo, donde nada es lo que parece, en el cual los procesos de desinformación y manipulación son continuos, y donde la disponibilidad de información oportuna en tiempo y lugar se traduce en millones de dólares,…es preciso contar con especialistas que aúnen una formación general de base, unos conocimientos específicos sobre la gestión de la información, y unas habilidades que en muchos casos son entrenables. Ya hemos comentado bastante estos temas en este blog, y seguiremos insistiendo en esa línea. Porque lo que aporta valor no es la información, tenemos toneladas, sino el proceso al que se somete mediante el conocimiento y experiencia de un analista. Ni siquiera la tecnología garantiza el producto inteligente.

Un analista de inteligencia, por tanto, debe tener conocimientos en todo ese proceso de gestión del conocimiento o ciclo de inteligencia. Una metodología. Unas técnicas. Unas herramientas. Pero ello por sí mismo no garantiza la calidad del producto. Es  preciso disponer de unas habilidades de pensamiento (crítico, lógico, sistémico, práctico, creativo,..), de comunicación (sobre todo escrita, pero también verbal, empatía), otras psicolaborales (asertividad, seguridad, gestión del tiempo, inteligencia emocional), y otras ligadas a la captación de la información (memoria, percepción, escucha activa, concentración). Dejamos a un lado la cuestión, importante sin duda, de las actitudes. Al igual que otras cuestiones formativas como conocimiento informático, idiomas, etc.

¿Y con ésto que hacemos? Voy a señalar algunas posibles utilidades de un Analista:

– En la Administración Pública: Gabinetes, asesores, unidades de gestión estratégica, órganos de coordinación, centros de estudios, centros de documentación, centros de análisis, centros de prospectiva, unidades de gestión de crisis, unidades de inteligencia policial (un día abordaré la caída del muro que separa/separaba la actividad de la inteligencia clásica de la acción policial en servicios de información), observatorios. En todo caso, siempre que sea preciso apoyar a la toma de decisiones.

– En el ámbito de la empresa: unidades de inteligencia (pongamos el nombre que queramos), departamentos de comunicación (por ejemplo para gestión de crisis informativa, o para la comunicación on-line en un nivel más avanzado y diferente a la figura del community manager), departamentos de marketing (estudio de mercados), departamentos de gestión estratégica, unidades o grupos de staff o asesoramiento, departamentos jurídicos (aprovechamiento de las oportunidades o agujeros existentes en la normativa), estudios de benchmarking, departamentos de análisis y estudios, unidades de prospectiva, departamentos de seguridad, empresas de seguridad privada (protección de personas, de instalaciones, de operaciones civiles, de ONG´s,..detectives,…), empresas de inteligencia.

Una característica: transversalidad, aunque siempre apoyada por la formación de origen del analista (entendemos la formación en analista como unos estudios de postgrado, no asociados a una titulación definida de origen). Y generalista en su visión, aunque su función pueda ser especializada

Una profesión no demasiado conocida, quizás tampoco demasiado valorada, y que precisa ir perfilándose y definiendo su espacio.

Fuente: LinkedIn
Jose María Blanco Navarro

 

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PARA QUÉ SIRVE UN ANALISTA DE INTELIGENCIA?

PARA QUÉ SIRVE UN ANALISTA DE INTELIGENCIA?

PARA QUÉ SIRVE UN ANALISTA DE INTELIGENCIA?

Esta es una gran pregunta, que he tenido que responder en distintos ámbitos, en repetidas ocasiones, a lo largo de la semana.
Partimos de algunas cuestiones que son en parte limitativas a la hora de presentar los posibles servicios de un analista. Una de ellas es el propio concepto de “Inteligencia”, históricamente ligado a los servicios de inteligencia. El propio Glosario de Inteligenciadefine este concepto como “el producto que resulta de la evaluación, la integración, el análisis y la interpretación de la información reunida por un servicio de inteligencia. Visión tradicional que se va desmoronando poco a poco mediante la incorporación del concepto a ámbitos de la empresa. Otras limitaciones derivan del mismo uso peyorativo que asocia esa posible función a lo secreto, al espionaje, y …al vodka con martini “shaken, not stirred”.
Pero también es habitual encontrar el concepto inteligencia, por obra y gracia de Goleman (bueno, y de otros previos que no lo supieron vender tanto) ligado al adjetivo “emocional”. Hasta aquí llega la cultura popular y general sobre lo que sería inteligencia, además de su calificación como una posible destacable cualidad del intelecto.
El  Glosario de Inteligencia citado incurre en una contradicción al señalar que un Analista de Inteligencia es “un especialista en la valoración, la integración, el análisis y la interpretación de información para su conversión en conocimiento”. En puridad, debería haber añadido “…para su conversión en conocimiento en/para un servicio de inteligencia”. La limitación señalada en la definición de Inteligencia no se traslada a la definición del Analista de Inteligencia.
Evidentemente me quedo con la opción más abierta. Profesores y expertos del ámbito académico señalan, y personalmente estoy de acuerdo, que la inteligencia tiene múltiples caras, entre ellas su consideración como una disciplina específica, con su metodología, sus técnicas, sus herramietas. Otras dos caras han sido ya enunciadas, la que asocia el concepto a los servicios de inteligencia, y la inteligencia como un producto (en general materializada en un informe orientado a un fin). Otra dimensión sería la inteligencia como un proceso, que se basa en un discutible ciclo de inteligencia (flexible y adaptable a las condiciones de cada unidad de análisis y las necesidades y objetivos de la misma).
En definitiva, la inteligencia sería un proceso de obtención, gestión y análisis de la información que tiene como objetivo generar conocimiento para apoyar la toma de decisiones. Es en ese apoyo a la toma de decisiones, y a la solución de problemas, donde tiene valor y ello es a su vez lo que caracteriza la función del analista. En este sentido es un proceso especializado de gestión del conocimiento.
Para lograr ese apoyo a la toma de decisiones, a la solución de problemas, en un mundo que cambia a velocidad de vértigo, donde nada es lo que parece, en el cual los procesos de desinformación y manipulación son continuos, y donde la disponibilidad de información oportuna en tiempo y lugar se traduce en millones de dólares,…es preciso contar con especialistas que aúnen una formación general de base, unos conocimientos específicos sobre la gestión de la información, y unas habilidades que en muchos casos son entrenables. Ya hemos comentado bastante estos temas en este blog, y seguiremos insistiendo en esa línea. Porque lo que aporta valor no es la información, tenemos toneladas, sino el proceso al que se somete mediante el conocimiento y experiencia de un analista. Ni siquiera la tecnología garantiza el producto inteligente.
Un analista de inteligencia, por tanto, debe tener conocimientos en todo ese proceso de gestión del conocimiento o ciclo de inteligencia. Una metodología. Unas técnicas. Unas herramientas. Pero ello por sí mismo no garantiza la calidad del producto. Es  preciso disponer de unas habilidades de pensamiento (crítico, lógico, sistémico, práctico, creativo,..), de comunicación (sobre todo escrita, pero también verbal, empatía), otras psicolaborales (asertividad, seguridad, gestión del tiempo, inteligencia emocional), y otras ligadas a la captación de la información (memoria, percepción, escucha activa, concentración). Dejamos a un lado la cuestión, importante sin duda, de las actitudes. Al igual que otras cuestiones formativas como conocimiento informático, idiomas, etc.
¿Y con ésto que hacemos? Voy a señalar algunas posibles utilidades de un Analista:
– En la Administración Pública: Gabinetes, asesores, unidades de gestión estratégica, órganos de coordinación, centros de estudios, centros de documentación, centros de análisis, centros de prospectiva, unidades de gestión de crisis, unidades de inteligencia policial (un día abordaré la caída del muro que separa/separaba la actividad de la inteligencia clásica de la acción policial en servicios de información), observatorios. En todo caso, siempre que sea preciso apoyar a la toma de decisiones.
– En el ámbito de la empresa: unidades de inteligencia (pongamos el nombre que queramos), departamentos de comunicación (por ejemplo para gestión de crisis informativa, o para la comunicación on-line en un nivel más avanzado y diferente a la figura del community manager), departamentos de marketing (estudio de mercados), departamentos de gestión estratégica, unidades o grupos de staff o asesoramiento, departamentos jurídicos (aprovechamiento de las oportunidades o agujeros existentes en la normativa), estudios de benchmarking, departamentos de análisis y estudios, unidades de prospectiva, departamentos de seguridad, empresas de seguridad privada (protección de personas, de instalaciones, de operaciones civiles, de ONG´s,..detectives,…), empresas de inteligencia.
Una característica: transversalidad, aunque siempre apoyada por la formación de origen del analista (entendemos la formación en analista como unos estudios de postgrado, no asociados a una titulación definida de origen). Y generalista en su visión, aunque su función pueda ser especializada
Una profesión no demasiado conocida, quizás tampoco demasiado valorada, y que precisa ir perfilándose y definiendo su espacio.

Fuente: LinkedIn
Jose María Blanco NavarroPara mayor información sobre consultoria de seguridad en el enlace:

Julian Flores Garcia
Consultor de Seguridad Internacional

@juliansafety  http://bit.ly/XsbQT2

Consultoria de seguridad nacional y internacional de latinoamerica: Colombia y Venezuela SISeguridad con experiencia en protección de infraestructuras de plantas quimicas y de petroleo (por Julián Flores Garcia)

Mov. 657 283 266
director@siseguridad.es
http://www.vigilantesdeseguridad.cat
julian flores garcia
@juliansafety
El reconocimiento del carácter de Agente de la Autoridad para el VS no constituye ningún privilegio COMPÁRTELO: bit.ly/13RIrqx
http://on.fb.me/Z57BNK 

http://www.siseguridad.es/index.php/que-hacemos

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PARA QUÉ SIRVE UN ANALISTA DE INTELIGENCIA?

PARA QUÉ SIRVE UN ANALISTA DE INTELIGENCIA?

Esta es una gran pregunta, que he tenido que responder en distintos ámbitos, en repetidas ocasiones, a lo largo de la semana.
Partimos de algunas cuestiones que son en parte limitativas a la hora de presentar los posibles servicios de un analista. Una de ellas es el propio concepto de “Inteligencia”, históricamente ligado a los servicios de inteligencia. El propio Glosario de Inteligencia define este concepto como “el producto que resulta de la evaluación, la integración, el análisis y la interpretación de la información reunida por un servicio de inteligencia. Visión tradicional que se va desmoronando poco a poco mediante la incorporación del concepto a ámbitos de la empresa. Otras limitaciones derivan del mismo uso peyorativo que asocia esa posible función a lo secreto, al espionaje, y …al vodka con martini “shaken, not stirred”.
Pero también es habitual encontrar el concepto inteligencia, por obra y gracia de Goleman (bueno, y de otros previos que no lo supieron vender tanto) ligado al adjetivo “emocional”. Hasta aquí llega la cultura popular y general sobre lo que sería inteligencia, además de su calificación como una posible destacable cualidad del intelecto.
El  Glosario de Inteligencia citado incurre en una contradicción al señalar que un Analista de Inteligencia es “un especialista en la valoración, la integración, el análisis y la interpretación de información para su conversión en conocimiento”. En puridad, debería haber añadido “…para su conversión en conocimiento en/para un servicio de inteligencia”. La limitación señalada en la definición de Inteligencia no se traslada a la definición del Analista de Inteligencia.
Evidentemente me quedo con la opción más abierta. Profesores y expertos del ámbito académico señalan, y personalmente estoy de acuerdo, que la inteligencia tiene múltiples caras, entre ellas su consideración como una disciplina específica, con su metodología, sus técnicas, sus herramientas. Otras dos caras han sido ya enunciadas, la que asocia el concepto a los servicios de inteligencia, y la inteligencia como un producto (en general materializada en un informe orientado a un fin). Otra dimensión sería la inteligencia como un proceso, que se basa en un discutible ciclo de inteligencia (flexible y adaptable a las condiciones de cada unidad de análisis y las necesidades y objetivos de la misma).
En definitiva, la inteligencia sería un proceso de obtención, gestión y análisis de la información que tiene como objetivo generar conocimiento para apoyar la toma de decisiones. Es en ese apoyo a la toma de decisiones, y a la solución de problemas, donde tiene valor y ello es a su vez lo que caracteriza la función del analista. En este sentido es un proceso especializado de gestión del conocimiento.
Para lograr ese apoyo a la toma de decisiones, a la solución de problemas, en un mundo que cambia a velocidad de vértigo, donde nada es lo que parece, en el cual los procesos de desinformación y manipulación son continuos, y donde la disponibilidad de información oportuna en tiempo y lugar se traduce en millones de dólares,…es preciso contar con especialistas que aúnen una formación general de base, unos conocimientos específicos sobre la gestión de la información, y unas habilidades que en muchos casos son entrenables. Ya hemos comentado bastante estos temas en este blog, y seguiremos insistiendo en esa línea. Porque lo que aporta valor no es la información, tenemos toneladas, sino el proceso al que se somete mediante el conocimiento y experiencia de un analista. Ni siquiera la tecnología garantiza el producto inteligente.
Un analista de inteligencia, por tanto, debe tener conocimientos en todo ese proceso de gestión del conocimiento o ciclo de inteligencia. Una metodología. Unas técnicas. Unas herramientas. Pero ello por sí mismo no garantiza la calidad del producto. Es  preciso disponer de unas habilidades de pensamiento (crítico, lógico, sistémico, práctico, creativo,..), de comunicación (sobre todo escrita, pero también verbal, empatía), otras psicolaborales (asertividad, seguridad, gestión del tiempo, inteligencia emocional), y otras ligadas a la captación de la información (memoria, percepción, escucha activa, concentración). Dejamos a un lado la cuestión, importante sin duda, de las actitudes. Al igual que otras cuestiones formativas como conocimiento informático, idiomas, etc.
¿Y con ésto que hacemos? Voy a señalar algunas posibles utilidades de un Analista:
– En la Administración Pública: Gabinetes, asesores, unidades de gestión estratégica, órganos de coordinación, centros de estudios, centros de documentación, centros de análisis, centros de prospectiva, unidades de gestión de crisis, unidades de inteligencia policial (un día abordaré la caída del muro que separa/separaba la actividad de la inteligencia clásica de la acción policial en servicios de información), observatorios. En todo caso, siempre que sea preciso apoyar a la toma de decisiones.
– En el ámbito de la empresa: unidades de inteligencia (pongamos el nombre que queramos), departamentos de comunicación (por ejemplo para gestión de crisis informativa, o para la comunicación on-line en un nivel más avanzado y diferente a la figura del community manager), departamentos de marketing (estudio de mercados), departamentos de gestión estratégica, unidades o grupos de staff o asesoramiento, departamentos jurídicos (aprovechamiento de las oportunidades o agujeros existentes en la normativa), estudios de benchmarking, departamentos de análisis y estudios, unidades de prospectiva, departamentos de seguridad, empresas de seguridad privada (protección de personas, de instalaciones, de operaciones civiles, de ONG´s,..detectives,…), empresas de inteligencia.
Una característica: transversalidad, aunque siempre apoyada por la formación de origen del analista (entendemos la formación en analista como unos estudios de postgrado, no asociados a una titulación definida de origen). Y generalista en su visión, aunque su función pueda ser especializada
Una profesión no demasiado conocida, quizás tampoco demasiado valorada, y que precisa ir perfilándose y definiendo su espacio.

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Jose María Blanco Navarro

Enlace Video informativo : http://goo.gl/7UfJs
Julián Flores Garcia | URL: http://wp.me/p2mVX7-Gb
30 abril, 2013 por Julián Flores Garcia

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PARA QUÉ SIRVE UN ANALISTA DE INTELIGENCIA?

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PARA QUÉ SIRVE UN ANALISTA DE INTELIGENCIA?

Esta es una gran pregunta, que he tenido que responder en distintos ámbitos, en repetidas ocasiones, a lo largo de la semana.
Partimos de algunas cuestiones que son en parte limitativas a la hora de presentar los posibles servicios de un analista. Una de ellas es el propio concepto de “Inteligencia”, históricamente ligado a los servicios de inteligencia. El propio Glosario de Inteligenciadefine este concepto como “el producto que resulta de la evaluación, la integración, el análisis y la interpretación de la información reunida por un servicio de inteligencia. Visión tradicional que se va desmoronando poco a poco mediante la incorporación del concepto a ámbitos de la empresa. Otras limitaciones derivan del mismo uso peyorativo que asocia esa posible función a lo secreto, al espionaje, y …al vodka con martini “shaken, not stirred”.
Pero también es habitual encontrar el concepto inteligencia, por obra y gracia de Goleman (bueno, y de otros previos que no lo supieron vender tanto) ligado al adjetivo “emocional”. Hasta aquí llega la cultura popular y general sobre lo que sería inteligencia, además de su calificación como una posible destacable cualidad del intelecto.
El  Glosario de Inteligencia citado incurre en una contradicción al señalar que un Analista de Inteligencia es “un especialista en la valoración, la integración, el análisis y la interpretación de información para su conversión en conocimiento”. En puridad, debería haber añadido “…para su conversión en conocimiento en/para un servicio de inteligencia”. La limitación señalada en la definición de Inteligencia no se traslada a la definición del Analista de Inteligencia.
Evidentemente me quedo con la opción más abierta. Profesores y expertos del ámbito académico señalan, y personalmente estoy de acuerdo, que la inteligencia tiene múltiples caras, entre ellas su consideración como una disciplina específica, con su metodología, sus técnicas, sus herramietas. Otras dos caras han sido ya enunciadas, la que asocia el concepto a los servicios de inteligencia, y la inteligencia como un producto (en general materializada en un informe orientado a un fin). Otra dimensión sería la inteligencia como un proceso, que se basa en un discutible ciclo de inteligencia (flexible y adaptable a las condiciones de cada unidad de análisis y las necesidades y objetivos de la misma).
En definitiva, la inteligencia sería un proceso de obtención, gestión y análisis de la información que tiene como objetivo generar conocimiento para apoyar la toma de decisiones. Es en ese apoyo a la toma de decisiones, y a la solución de problemas, donde tiene valor y ello es a su vez lo que caracteriza la función del analista. En este sentido es un proceso especializado de gestión del conocimiento.
Para lograr ese apoyo a la toma de decisiones, a la solución de problemas, en un mundo que cambia a velocidad de vértigo, donde nada es lo que parece, en el cual los procesos de desinformación y manipulación son continuos, y donde la disponibilidad de información oportuna en tiempo y lugar se traduce en millones de dólares,…es preciso contar con especialistas que aúnen una formación general de base, unos conocimientos específicos sobre la gestión de la información, y unas habilidades que en muchos casos son entrenables. Ya hemos comentado bastante estos temas en este blog, y seguiremos insistiendo en esa línea. Porque lo que aporta valor no es la información, tenemos toneladas, sino el proceso al que se somete mediante el conocimiento y experiencia de un analista. Ni siquiera la tecnología garantiza el producto inteligente.
Un analista de inteligencia, por tanto, debe tener conocimientos en todo ese proceso de gestión del conocimiento o ciclo de inteligencia. Una metodología. Unas técnicas. Unas herramientas. Pero ello por sí mismo no garantiza la calidad del producto. Es  preciso disponer de unas habilidades de pensamiento (crítico, lógico, sistémico, práctico, creativo,..), de comunicación (sobre todo escrita, pero también verbal, empatía), otras psicolaborales (asertividad, seguridad, gestión del tiempo, inteligencia emocional), y otras ligadas a la captación de la información (memoria, percepción, escucha activa, concentración). Dejamos a un lado la cuestión, importante sin duda, de las actitudes. Al igual que otras cuestiones formativas como conocimiento informático, idiomas, etc.
¿Y con ésto que hacemos? Voy a señalar algunas posibles utilidades de un Analista:
– En la Administración Pública: Gabinetes, asesores, unidades de gestión estratégica, órganos de coordinación, centros de estudios, centros de documentación, centros de análisis, centros de prospectiva, unidades de gestión de crisis, unidades de inteligencia policial (un día abordaré la caída del muro que separa/separaba la actividad de la inteligencia clásica de la acción policial en servicios de información), observatorios. En todo caso, siempre que sea preciso apoyar a la toma de decisiones.
– En el ámbito de la empresa: unidades de inteligencia (pongamos el nombre que queramos), departamentos de comunicación (por ejemplo para gestión de crisis informativa, o para la comunicación on-line en un nivel más avanzado y diferente a la figura del community manager), departamentos de marketing (estudio de mercados), departamentos de gestión estratégica, unidades o grupos de staff o asesoramiento, departamentos jurídicos (aprovechamiento de las oportunidades o agujeros existentes en la normativa), estudios de benchmarking, departamentos de análisis y estudios, unidades de prospectiva, departamentos de seguridad, empresas de seguridad privada (protección de personas, de instalaciones, de operaciones civiles, de ONG´s,..detectives,…), empresas de inteligencia.
Una característica: transversalidad, aunque siempre apoyada por la formación de origen del analista (entendemos la formación en analista como unos estudios de postgrado, no asociados a una titulación definida de origen). Y generalista en su visión, aunque su función pueda ser especializada
Una profesión no demasiado conocida, quizás tampoco demasiado valorada, y que precisa ir perfilándose y definiendo su espacio.

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Jose María Blanco Navarro

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El Congreso del Partido Comunista de China ofreció las primeras pistas el miércoles sobre el cambio de liderazgo generacional, después de que Xi Jinping y Li Keqiang dieran los primeros pasos hacia ocupar los cargos de presidente y primer ministro, respectivamente.

El congreso en China ofrece pistas sobre los nuevos líderes

ReutersReuters – Hace 3 horas

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  • El Congreso del Partido Comunista de China ofreció las primeras pistas el miércoles sobre el cambio de liderazgo generacional, después de que Xi Jinping y Li Keqiang dieran los primeros pasos hacia ocupar los cargos de presidente y primer ministro, respectivamente. En la imagen, una vista general muestra a los delegados alzando las manos para votar en la sesión de clausura del 18 Congreso Nacional del Partido Comunista en el Gran Salón del Pueblo en Pekín, el 14 de noviembre de 2012. REUTERS/Carlos BarriaVer foto
    El Congreso del Partido Comunista de China ofreció las primeras pistas el miércoles …
PEKÍN (Reuters) – El Congreso del Partido Comunista de China ofreció las primeras pistas el miércoles sobre el cambio de liderazgo generacional, después de que Xi Jinping y Li Keqiang dieran los primeros pasos hacia ocupar los cargos de presidente y primer ministro, respectivamente.
En un breve comunicado, la agencia de noticias Xinhua, dijo que el vicepresidente Xi y el viceprimer ministro Li habían sido elegidos para el Comité Central del partido al final de un congreso clave, resultado nunca estuvo realmente en duda.
Los 2.270 delegados cuidadosamente seleccionados emitieron sus votos a puerta cerrada en el Gran Salón del Pueblo de Pekín para el nuevo Comité Central, un consejo de Gobierno con alrededor de 200 miembros titulares y 170 miembros alternativos sin derecho a voto.
El comité, a su vez, nombrará el jueves a un Politburó de unas pocas decenas de miembros y a un Comité Permanente del Politburó, el anillo más interno de poder, posiblemente con siete miembros, reducido de los actuales nueve.
Desde hace tiempo que se esperaba que Xi sucediera a Hu Jintao, primero como jefe del partido y luego como presidente cuando el Parlamento se reúna durante su sesión anual en marzo. Li es el heredero designado del primer ministro Wen Jiabao.
/Por Ben Blanchard y Sui-Lee Wee

Si tu hijo acosa, tú puedes ser responsable:Tiene responsabilidad penal, según lo establecido en la Ley de Responsabilidad Penal del Menor, por lo que cabe interponer una denuncia directamente contra el propio menor

Si tu hijo acosa, tú puedes ser responsable

Por desgracia, las noticias de malos tratos entre adolescentes dentro y fuera de la red están a la orden del día. Casos como el de la joven canadiense Amanda Todd, que se suicidó el pasado 10 de octubre, después de sufrir años de vejación tanto en la red como a las puertas del colegio, o ya en nuestro país el de la chica de 15 años de Ayamonte (Huelva), que esta semana ha tenido que abandonar su instituto por el trato degradante y los malos tratos psíquicos que le infringían dos compañeras de clase, dan fe de ello. Así pues, algunas víctimas se llegan a quitar la vida, otras, cambian de colegio, de hábitos, y hasta de ciudad.
Pero, ¿qué ocurre con el agresor? Ana Fernández, coordinadora del departamento jurídico de Protégeles, contesta a estas preguntas:
—¿Qué ocurre si el agresor es mayor de 14 años?
—Tiene responsabilidad penal, según lo establecido en la Ley de Responsabilidad Penal del Menor, por lo que cabe interponer una denuncia directamente contra el propio menor. Esta denuncia se trasladaría a Jurisdicción del Menor. Al margen de su responsabilidad penal, en este mismo proceso se abriría una pieza de responsabilidad civil, donde la familia de la víctima tiene derecho a pedir indemnización por daños y perjuicios. Esta responsabilidad podrá ser exigida de forma solidaria al menor, a sus padres y/o al colegio.
—¿Y cuando el agresor es menor de 14 años?
—No tienen responsabilidad penal por su edad, y la denuncia penal contra ellos quedaría archivada. Sin embargo, podrán responder civilmente sus padres y/o «guardadores de hecho» (En estos casos, los responsables del colegio o centro educativo).
—En los casos de ciberbullying (acoso en la red) donde los hechos están a medio camino entre el centro escolar y el hogar de la víctima, ¿cómo se establece quien responde por el menor de 14 años?
—Cuando el menor ha llevado a cabo el acoso a medio camino entre su casa y el lugar de estudio, es el juez el que tiene que determinar si se responsabilizan solidariamente los padres y el colegio. (En ambos casos estamos hablando de responsabilidad civil, insistimos). En los casos de ciberbullying, el centro educativo tiene obligación de intervenir, siempre y cuando afecte o intervengan alumnos del mismo centro educativo. Si se determina que los hechos han sucedido durante la clase de un profesor en concreto, y este, junto con la dirección del centro, aun siendo conocedores del hecho, no han intervenido, o su intervención ha sido escasa o infructuosa, estaríamos hablando de un delito de omisión de su deber profesional. Por tanto, se podría interponer denuncia penal contra ellos.
—¿Qué actitud deben tomar los padres de la víctima de bullying o ciberbuyllyng ante el colegio?
—Primero, lo más lógico y natural, es que transmitan esta información de forma verbal al colegio, relatando los hechos, eñ los que pongan de manifiesto que su hijo/a ha sido víctima de acoso/ciberbullying. En esta reunión deben solicitar de forma urgente protección para su hijo, así como intervención inmediata con medidas educativas y/o disciplinarias para solucionar el conflicto. Los responsables del colegio lo primero que deben hacer es proteger a la víctima y después constatar la información facilitada por los padres para verificar que efectivamente se encuentran ante una situación de acoso escolar. Resulta más complicado constatar la situación de acoso, que una situación de cyberbullying, ya que en el primer caso se carece, a priori, de información, debido al silencio que suelen guardar tanto la víctima, como los observadores y por supuesto los acosadores. Por el contrario, es más fácil constatar el cyberbullying ya que aquí sí que el acosador deja rastro o huella de su actuación a través de internet. Si los padres de la víctima consideran que no se han tomado las medidas adecuadas, deben dejar constancia de los hechos y sus peticiones por escrito. El escrito, por un lado, ejercerá presión de algún modo para que el colegio actúe y, por otro, servirá como prueba para un posible proceso.
—¿Qué más se puede hacer en casa de la víctima desde el punto de vista legal?
—Recabar todas las pruebas que se pueda. Dentro de lo malo, la ventaja única del ciberbullying (o acoso en la red) es que siempre deja pruebas. Los padres deben guardar todas las pruebas electrónicas que puedan (amenazas, inslutos…) para presentarlas ante el Juez. Nuestra asociación les ayuda a consultar y a contactar con las webs, redes sociales, y a salvaguardar la información, les ayudamos a cancelar las cuentas, comentarios ofensivos, inapropiados o que vulneren su persona. Siempre recomendamos que impriman pantallazos, que graben todo en discos… Pruebas y evidencias fáciles de guardar y en las que no hay necesidad de ser un experto en informática. Es prueba judicial en caso de denuncia, y ayuda bastante en los procesos.


Fuente: diario ABC.